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Menuda semana, un viaje por el norte de la península lleno de todo tipo de emociones, comenzando por mi nuevo minipiso, que parece la casa del terror, y acabando con un rayo que destroza literalmente la iglesia de mi pueblo y el corazón de mas de un vecino. A veces la naturaleza es inoportuna y además, con saña se presenta con toda su energia en pleno entierro, para así crear, sinergicamente, una extraña leyenda urbana, al más puro estilo novela de terror. Me pasé todo el día preparando la noticia y sobre todo, a través del ayuntamiento, avisando de que no habia ningún fallecido, contradiciendo a algunas emisoras de radio, que ante el inesperado evento , se frotaban las manos con una de esas posibles noticias, de sangre, terror y lágrimas. Todo al final quedo en un enorme susto, algún herido grave, y una iglesia partida en dos. A todo esto le mezclo un poco de estres, 3200 kilómetros recorridos, muchas fotografias (en cuanto pueda publicaré alguna), y una curiosa campanada final. Como nota relajante, una playa de esas que ya quedan pocas, salvaje, solitaria y con la brisa cálida de la primavera....
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