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Quién no se ha dedicado alguna vez a observar a las personas en el metro. Esos días que simplemente te apetece sentarte y mirar. Hoy un hombre entro a pedir. Se preparan auténticos guiones con el objetivo de causar el máximo impacto. El de hoy, a diferencia del típico "Es triste pedir pero más triste es robar", se dedicó a explicar su crudo pasado, padre violento y alcohólico que le zurraba, madre que se prostituia, malas compañias, delincuencia, drogas y carcel, con el colofón final de una terrible infección de sida y necesidad de pedir para poder sobrevivir, aunque le gustaria estar muerto. La verdad es que un discurso a voz alzada, de buena mañana, que le alegra el día a cualquiera. Algunos le dieron monedas, no se si por compasión o por ganas de quitarse de encima las malas sensaciones que producia. Un actor enorme, o una persona desesperada, vete a saber. La gente se miraba, nadie decia nada.. todos seguíamos cuidando de nuestro espacio vital, observando alrededor, como si de una película se tratara... No se que pensar del metro, un tren, a oscuras, con mucha gente la cual, está deseando salir de allí, para recuperarse a si misma, y dejar a un lado la carga de tener que soportar a los demás, que al fin y al cabo son ellos mismos.
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